jueves, 19 de diciembre de 2013

Quiero que seas Navidad

El cambio de las almas descarriadas,
la sonrisa de los que siempre sufren,
el sorbo de agua para los labios que nos hieren
y el mendrugo de pan para el niño de la calle.

Quiero que seas Navidad.
La cura del enfermo desahuciado,
el consuelo para la viuda penitente,
el rincón de una puerta para el indigente
y el perdón para el presidiario.

Quiero que seas Navidad
La aceptación de  la pobreza enraizada,
la disolución de la corrupción que mata,
el remedio para la violencia ingrata
y el retorno a la ansiada tranquilidad.

Quiero que seas Navidad
El eco de la oración que expreso,
la realización positiva de cada drogadicto,
la unidad de familias en conflicto
y el odio al maltrato familiar.

Quiero que seas navidad
La fuerza para el anciano visionario,
la luz para mis hermanos especiales,
el apoyo en sus impedimentos corporales
y la claridad en su mirada tan borrosa.

Quiero que seas Navidad
La consideración hacia la canasta básica,
el no comernos los unos a los otros,
el respeto que nos debemos a nosotros
y el consuelo al repentino suspirar.

Quiero que seas Navidad
El paño que enjute toda lágrima,
el bálsamo para cualquier dolencia,
la bendición que ansiamos en conciencia
y el valor para no ocultar nuestros pecados.

Quiero que seas Navidad
La resurrección de los valores ya perdidos,
la esperanza del emigrante confundido,
el acogimiento del huérfano perdido
y el regreso del otro hijo pródigo al hogar.

Quiero que seas Navidad
Mi sonrisa para quien la necesita,
mi mano para quien en ella se interese,
mi consejo para quien lo merece
y mi sombra para el caminante sin destino.

Quiero que seas Navidad
La  magia que erradique la prepotencia,
la condena hacia la discriminación,
el regreso hacia la olvidada meditación
y el redil para el mezquino interés.

Quiero que seas Navidad
La fórmula para volver a ser hermanos,
la unión de nuestras manos,
la resignación que algún día moriremos
y la convicción que todo al polvo volverá.

Quiero que seas Navidad
El freno para no endeudar a nuestra patria lacerada,
el abrazo fraternal en todas sus fronteras,
la cohesión bella en sus costumbres verdaderas
y la erradicación de la voracidad en su dinero.

Quiero que seas Navidad
El perdón a mis múltiples pecados,
porque, para que me concedas lo que pido,
simplemente olvidaré lo que he sido
para ser, luz, caridad, bondad y nunca vanidad.

Quiero que seas Navidad
El salmo que he perdido,
el conocerme como verdaderamente soy,
porque, no se puede pedir desde ayer y hoy
si no hacemos lo posible por cambiar.

Quiero que seas Navidad
El perdón por lo que aquí olvidé.

domingo, 13 de octubre de 2013

A mi hijo Everson.

Más allá del lúgubre lamento,
donde mi existencia es un pasado,
oigo el ruiseñor de mi conciencia
amalgamada con poemas y algo más.

Y, cuando en mi vida se me apaga
la luz de tan trajinada vida
oigo tu risa que la enciende
para iniciar otra nítida jornada.

Hoy, cuando dormía reclinado en mi costado
en la cama que tu abueli me arreglara,
soñé y soñé, corrí y corrí
tras tu carcajada tan sonora
y me perdí en tu inocencia de marfil.

Cuando algún día mi corazón muriera,
ríe con fuerza hacia la gloria
y cuando tu carcajada destroce el firmamento
volveré a verte cerca, cual varón engrandecido
y por siempre junto a Dios.


domingo, 29 de septiembre de 2013

En el Día mundial del corazón.

Hablar del corazón es hacerse niño
para perdonar las ofensas,
volver a las andanzas
con una sonrisa de placer.

Con mi voz callada y medrosa
evoco con amor una oración
para cada noble corazón
que me quiera comprender.

Cada corazón simboliza lo sublime,
conlleva el sentimiento delicado,
es la fuente del afecto más preciado
o la maldad, si así lo queremos en la vida.

Hablar del corazón es decir amor,
es buscar con ahínco la oración
para que ilumine la razón
y cada día seamos hijos del mismo Dios.

Hablar del corazón en este tiempo
es buscarle significado a la amistad,
es conocer la única bondad
que da completa santidad.

Hablar del corazón es ver el mundo
trocado en cálido realismo,
exento de dolencia o espejismo,
sino, en algo absoluto y positivo.

Hablar del corazón sincero
es haber encontrado al Creador
ante otros, fríos y ajenos al calor
que viven opacados sin perdón.

Hablar del corazón puro y santo
es conocer la verdadera Creación,
comprender que por el hay intención
para vivir y siempre florecer.

Hablar del corazón es conocer la caridad,
es poner en práctica aquellos valores
que han perdido sus colores,
no digamos su esencia de humildad.

Hablar del corazón es sentir la Filosofía
que busca el color de cada cosa,
es distinguir la esencia de la rosa
y el dolor que regala cada espina.

Hablar del corazón no es dificil
si lo educamos hacia el bien,
si queremos que nos amen
y nos den oportunidad para también amar.

Hablar del corazón es alejarse del pecado,
es la transfiguración a lo divino;
es reconocer aquel camino
que sin querer perdimos una vez.

Hablar del corazón es verter
lo que llevamos en el alma,
lo que se fermenta con calma
para conocer la verdadera luz.

Hablar del corazón es renovar lo perdido,
es criar una ideología
para hacer que cada día
el mundo logre lo mejor.

Así, podría llenar libros y más libros,
las bibliotecas no serían suficientes
porque los latidos son latentes
que al corazón hacen majestuoso.

Por ello caminemos con esperanza
y la fe puesta en el Creador,
demos un poquito de sabor
a lo que representa el corazón.



Niño escúchame.

NIÑO LUSTRADOR.
Estas manchado de tus manos,
menos de tu alma y corazón;
esas son las flores bellas
que mamá admira con amor.

NIÑO MENSAJERO.
Cansado y fatigado
vas corriendo por la calle
para cumplir con el mandado;
eres otro mensajero de tu Dios
y de tu madre el esplendor.

NIÑO DE LA CALLE.
Si no te acuerdas de mamá,
ella te acaricia cuando sueñas,
remienda tus vestidos
con la madeja del amor.

NIÑO HUERFANO.
Mamá se fue a la tumba
para ir a prepararte el nido,
donde un día no lejano
le darás tu bella flor.

NIÑO HOSPITALIZADO.
En el borde de tu cama,
mamá vela tu sueño;
cura con besos tus heridas
no olvidando tu dolor.

NIÑO DISCAPACITADO.
Sonríes como inconsciente
aunque nadie te entienda,
es que le sonríes a papá
porque eres su primor.

NIÑO INVALIDO.
No puedes correr por el campo
como otros lo hacen  con mamá;
pero llevas en tu alma buena
el himno del bello ruiseñor.

NIÑO POBRE.
Quieres regalarle a papá y a mamá
lo más bello de la tierra;
pero tu bolsillo está roto
causándote feliz rubor.

NIÑO DESCALZO.
Hoy no le pides a mamá
los zapatitos que te gustan;
talvez mañana u otro día
o cuando ajuste el valor.

NIÑO RICO.
Has comprado la bella gema
que le darás a tu papa,
mejor entrégale tu corazón
que es de toda riqueza lo mejor.

NIÑO PASTOR.
Tú que conoces la campiña
y acaricias flores silvestres,
corta la que te guste
y dásela a mamá con suave olor.

NIÑO EXPLOTADO.
Tus manos ya sangran
por ganar el pan
que llevarás a tus hermanos
sin quitarle su sabor.

NIÑO CIEGO.
Tus pupilas están oscuras
sin conocer a tus papás;
córtales del cielo esa luz
que tiene tu Creador.

NIÑO LAVACARROS.
Te desprecian y te humillan,
pero no te ha de importar,
porque tus papás te aman
con arrullos y loor.

NIÑO MENDIGO.
Tiendes tu mano al prepotente,
no conoce que grave está mamá;
talvez te dejará un mísero centavo
que no vale tu sudor.

NIÑO VENDEDOR.
Ofreces aquella mercancía
que alguien te confió;
todos pasan sin mirarla,
pero sigue, sigue vendiendo con valor.

NIÑO ABORTADO.
te fuiste de esta vida
por alguien que quiso ser mamá;
hoy eres ángel tan divino
en los brazos del Señor.

NIÑO SORDOMUDO.
Solo ves el mundo
sin oír y contar que ves;
pero tu mirada dice a papá y a mamá
que admiras a tu hacedor.

NIÑO DELINCUENTE.
Nadie conoce tu complejo
o tu destino incierto,
mejor si vuelves al hogar
que te espera sin rencor.

NIÑO MESERO.
Atiendes a la gente extraña
que te mira desconfiada;
lo que no hace papá
que es tu consolador.

NIÑO DROGADICTO.
Hueles a pegamento o droga,
nublando así tu pensamiento,
alejándote de mamá
que es su martirio desgarrador.

NIÑO MALTRATADO.
Tu espalda imita a Jesucristo
después de los azotes recibidos;
recuerda que él resucitó,
tú lo harás con más fulgor.

NIÑO MUERTO.
Sueña desde ahí a mamá
que nadie te interrumpirá;
te llevó a ello la muerte,
pues, sé de ella su admirador.

NIÑO POR NACER.
No tengas miedo por venir,
serás el apóstol de tu hogar
y de los otros niños
que hoy quise recordar.



martes, 17 de septiembre de 2013

A mi madre Juana Hortensia Rodríguez.

Perdona que hasta ahora de envíe estos versos,
no sé, si los anteriores te llegaron;
de lo que sí estoy seguro
de las oraciones que cada noche te dedico.

No oigo en mi oídos tus susurros
como respuesta a mis suspiros;
tal vez los guardes para cuando llegue
y cansado me apoye en tu regazo.

Te he extrañado lo suficiente,
máxime que también estoy cercano a la misma tumba,
entre pecados, fríos y consuelos he existido
para acercarme más pronto a ti.

Me ha costado romper barreras sociales,
me ha costado familiarizarme con la gente,
son retos que a tu nombre he vencido
para demostrar que tus sangre es de kilates.

No te asientas por mi, defraudada
los caminos nunca son como queremos
todos tienen subidas y quebrantos
pero me siento honroso de acordarme de tu nombre.

Bendigo a mis múltiples amigos,
también a mis enemigos de la sombra,
intentaron borrarte de mi mente
pero, más hicieron para afianzarme a ti.

No me he olvidado de tu ser querido
porque siempre vas conmigo,
sin importarte el sol, el frío y tempestades
que ratifican tu esencia de madre y de mujer.

Esto me da ansia de seguir triunfando,
caminar erguido sin prejuicios y egoísmo;
Dios me sostiene en cada paso
mientras enjutas mis lágrimas y salobre sudor.

No le tengo miedo al mundo
ni a la gente mala que lo habita,
tu me hiciste fuerte como un roble
y cauto como tu dermis celestial.

Unos me cuentan de tus razgos,
para rimarlos con tu magnánima bondad;
por eso trato de obedecer a mi conciencia
para delinear tu imagen que nunca conocí.

Te cuento que mi viaje ha sido un sueño,
tampoco pesadilla porque sería mentiroso;
es cierto que algunas de tus virtudes que me diste
las engasté en charcos y pecado.

Las que aún me quedan todavía
son el soporte de mis últimos y quebradizos pasos,
es por eso que valorizo lo que tengo,
principalmente mis hijos que son tuyos.

Dicen que la suerte existe
sin que haya brújula o estrella;
si es así, me la diste tu
sin olvidar a mi padre que fue mi timonel.

Aquí voy caminando ahora
sembrando flores y recogiendo azahares
para hacerte la corona que mereces
 y perfumarte en el lugar que estés.

La poesía debe ser sencilla y pura
para que llegue al alma de una madre;
fuiste dócil como rosa
y elegante en tu jardín.

No te oculto mis pecados cometidos,
no me gusta ser cobarde y un inútil,
porque aquél que esconde lo que es
no merece ser parte de la vida.

Me habrán tachado de nulo algunas bocas,
otros dedos me señalan todavía,
es por eso que estoy agradecido,
de lo contrario, paso inadvertido.

Tu no tienes la culpa de todo eso
yo fui el que me descarrié de tus consejos,
pero tengo la esperanza diosificada:
Que todo acaba y desaparece en esta vida.

Lo bueno es que no me siento enjuto
o débil como las cañas del trigal,
me siento enhiesto y firme como roca
hasta que Dios disponga de mi ser.

Si El no me hubiera perdonado,
sería pisoteado por el mal,
pero con la idea de florecer en lo que queda
 ni la muerte me podrá vencer.

Cuando muera y alguna losa me oculte
iridiscencia darán mis huesos en la noche
abonaré flores silvestres en el día
para que nunca muera tu nombre madre mía.

Te adelantaste hacia la gloria,
después de apagar tu lúcida fogata,
aquella que nuestra casa iluminaba
y me daba más calor junto a tu pecho.

Como te fuiste a escondidas
perdí las huellas de tus pasos,
perseverante los busco aquí en la tierra,
pero que tonto soy porque los guardo entre mi alma.

Ya estoy aquí y regresar a tu vientre ya no puedo,
espero que me comprendan mis hermanos;
si no pueden, que sigan su camino
y que me dejen cargar con mis pecados.

Aquí voy caminando poco a poco,
mojando mis labios con rocío,
acunando tu nombre con mi sombra
y tratando de soñarte cada noche.

Con mi palabrerío sin sentido
estoy interrumpiendo tu sueño y tu vigilia,
pero me urge contarte de mi vida
para que logre su último sentido.

No le hagas caso a la gente que me odia,
ponle atención a lo que digo,
´porque solo yo, siento lo que soy
y hasta donde he orado para poder cambiar.

Sigue durmiendo mientras llego,
atiza la lumbre de Jesús,
para que me deje tocar tus manos
y poder decirte: Madre aquí estoy.

Por eso no puedo olvidarte un momento,
no puedo borrarte de mi mente;
por favor dile a mi padre si lo ves
que tampoco renegaré de sus regaños.

Para que me distingas de los hijos de mi Dios,
llegaré con vestiduras blancas
dejaré al mundo sus falacias y engaños
y el arrepentimiento hasta ti me llevará.